martes, 16 de octubre de 2012

ES LARGO. HAY QUE LEERLO.



Lo traigo aquí desde
 "gerentedemediado.blogspot.com"
(Para leer si se tiene un rato)

Italia creó en 1.978 el Servizio Sanitario Nazionale con características muy similares a nuestro sistema nacional de salud: financiación a través de impuestos, gratuito en el momento de la prestación y prestado por entidades dependientes del estado. Al igual que en España, los italianos se vieron presionados en los años 90 a introducir reformas en su sistema, debido al incremento de los costes y la supuesta ineficiencia del sistema. No solo en el fútbol hemos llevado caminos paralelos.
Aplicando el habitual mantra neoliberal de que hay que saber responder a las necesidades del usuario y reducir costes, Italia incrementó sustancialmente el gasto sanitario privado en esa década, con la consiguiente disminución del público, que pasó del 80,5% en 1980 a 72,6% en 2.000.
Una de las falacias reiteradamente utilizadas por determinados grupos de opinión y presión españoles es que nuestro sistema sanitario precisa disminuir la onerosa carga de la financiación pública en los servicios sanitarios, como señalaba el empresario Juan Abarca hace unos días. Sin embargo, en 2.009 solo el 74% del gasto sanitario era público en España, muy lejos de Holanda, Dinamarca, Reino Unido o Noruega ( todos ellos por encima del 84%) , e incluso de Italia ( 78%), según el Health at Glance de la OCDE de 2.011.
Quercioli, Messina, Basu, McKee Nante y Stuckler ( de las Universidades de Siena, San Francisco y Cambridge, además de la London School of Hygiene and Tropical Medicine), acaban de  publicar un trabajo en JECH sobre el efecto en la mortalidad evitable del proceso de privatización que sufrió Italia en la década de los 90. Con una metodología muy elegante analizan la tasa media de cambio en mortalidad evitable estandarizada por edad en las 19 regiones italianas en el periodo comprendido entre 1993 y 2003 (después de esta fecha no se dispone aún de información al respecto). Y obtienen resultados interesantes: incrementos de gasto en proveedores públicos se correlaciona con aumentos en  la tasa de disminución en mortalidad evitable en el periodo estudiado. Incluso precisan más: cada incremento adicional de 100 euros en el gasto público se asocia con una disminución de 1.47% en la tasa de mortalidad evitable. El gasto en el sector privado, sin embargo, no tiene efecto estadísticamente significativo, en la reducción de la mortalidad evitable. Es más, un mayor porcentaje de gasto en el sector privado se asociaba con mayores tasas de ésta. Como era de esperar ni el gasto público ni el privado se asociaba con las tasas de mortalidad no evitable, demostrando que ésta es bastante insensible a lo que hagan los sistemas sanitarios.
En un trabajo previo de McKee y Nolte en Health Affairs España ocupaba un privilegiado cuarto puesto en las tasas de mortalidad prematura evitada por el buen desempeño del sistema sanitario en 2003, a pesar de que en los cinco años previos había descendido un puesto.
Desconocemos las consecuencias sobre la salud de la población de los procesos de privatización más o menos encubierta que ha sufrido nuestro país en la última década ( 2002-2012). Y aún más las consecuencias que tendría procesos de desgravación fiscal y fomento de aseguramiento privado que propone el Señor Abarca y sus lobbies afines.
Interesante que, entre los aspectos que éstos considerna intocables se encuentre “los avances que favorecen la prevención de las enfermedades y la promoción de la salud”. Uno se imagina por donde van los tiros, multiplicando chequeos sin evidencia científica alguna para mejorara la cuenta de resultados.
La sanidad privada es un negocio más. No quiero decir con ello que no pueda realizarse buena medicina en el sector privado. Por supuesto. Pero el fin último de una empresa privada de servicios sanitarios no es otro que repartir cuantos más dividendos mejor entre sus accionistas. Desgravar el gasto sanitario privado no solo no aligera al sistema sanitario público sino que inevitablemente implica la reducción de la financiación pública del sistema. Las consecuencias de la privatización del sistema sanitario en la equidad y en la salud global de la población (como se demuestra en el artículo del JECH) no son menores. Para una empresa privada éstos no son objetivos estratégicos pero para un gobierno y la sociedad que representa sí deberían serlo.
Cada vez es más urgente desmontar las falacias en las que basan sus propuestas los centros de pensamiento y opinión que están erosionando un  sistema sanitario que fue más que digno.

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